Génesis
Cinco años cosiendo en casa
Oreaster empezó en una mesa de comedor, con un hilo que compré para probar y sin ninguna intención de montar una marca.
Empecé anudando por la noche, después de trabajar. No tenía plan. Había visto una pieza de macramé en un mercadillo, me pareció que podía intentarlo, y compré hilo suficiente para un top.
El primer top salió torcido. El segundo también. El décimo ya se podía llevar puesto, y me lo puse aquel verano sin decir que lo había hecho yo, porque me daba corte.
Alguien me preguntó dónde lo había comprado. Ahí empezó todo, aunque tardé casi un año en atreverme a cobrar por uno.
Lo que más me ha costado no ha sido aprender la técnica. Ha sido aceptar que las cosas hechas a mano tardan, que no puedo hacer cien a la semana, y que está bien que sea así.
Sigo cosiendo yo la mayoría de las piezas. Cuando abro una caja para revisar un pedido antes de enviarlo, sigo mirando los nudos uno a uno. Supongo que eso no se me va a quitar.








